Hiperhidrosis es el término médico empleado cuando se produce sudoración excesiva como respuesta al calor o como reacción emocional. Cuando se produce incluso en lugares donde normalmente no es esperable (estancias frescas), puede causar trastornos psicológicos, sociales y profesionales.
La causa de la hiperhidrosis primaria se desconoce. Suele aparecer al inicio de la edad infantil, con un empeoramiento progresivo hacia la pubertad, para luego disminuir nuevamente en edades avanzadas. Afecta a ambos sexos y se da en todas las razas.
Se focaliza en axilas, palmas y plantas, zona craneofacial y otras regiones específicas. En general, se presenta en sujetos sanos.
Este tipo de hiperhidrosis focal se empeora por procesos emocionales, el calor y estímulos vasodilatadores (algunos alimentos, medicamentos, drogas y alcohol, entre otros). Además, la humedad excesiva puede provocar también la maceración de la piel y secundariamente infecciones cutáneas o mal olor (bromhidrosis).

Las glándulas sudoríparas se localizan por todo el cuerpo, aunque hay una mayor distribución en las palmas de las manos, la región axilar y las plantas de los pies. Son reguladas mediante el neurotransmisor acetilcolina e inhibidas por atropina o sustancias similares.
La aplicación de toxina botulínica inhibe la liberación de acetilcolina en la unión neuromuscular, implicando en este caso la inervación simpática postganglionar de las glándulas sudoríparas; esto impide temporalmente la producción de sudor. Los efectos del tratamiento empiezan a notarse entre los 2–4 días, y el problema remite en una semana, con una duración de 3 a 6 meses. Se presenta como una opción intermedia entre el tratamiento tópico (lociones, cremas) y la cirugía, habiendo revolucionado el tratamiento de la hiperhidrosis.
